Durante la semana siguiente se vieron con mucha menos frecuencia. Madeleine no sabía si como consecuencia de aquella comida, o porque Henry estaba ocupado. De cualquier forma no le venía mal, porque el baile de verano de la embajada se avecinaba, y necesitaba tiempo para prepararse su propio vestido, porque para vestir de forma adecuada en cada uno de los acontecimientos a los que acudía, debía arreglarse ella misma los vestidos que quería ponerse.
El baile fue en la sala de actos de la embajada. En el jardín se instalaron unas carpas con músicos y bebidas, mientras que la banda principal y la sala de baile se situaron en la misma sala.
El acto era uno de los más importantes del año, y allí acudía todo el mundo que valiera la pena en la ciudad, sobre todo para los ingleses. Era la primera vez que Madeleine acudía, de nuevo, gracias al hecho de ser la acompañante de Henry, aunque no fuera su prometida.
El vestido era un largo vestido negro y ceñido, medio transparente sobre todo en los brazos y hombros, y adornado con dibujos de plantas y flores orientales, y un largo collar de perlas blancas que hacía juego con la blanca pluma que salía del turbante que adornaba su cabeza. Estaba fantástica.
Henry llevaba su uniforme de gala, orgulloso de todas las medallas o marcas que tenía en su pecho, y que Madeleine no sabía qué significaban.
Bailaron y rieron con los amigos de Henry de la embajada, y también con los conocidos que habían hecho durante tantos eventos en la ciudad. Pero Henry estaba distante, y a menudo debía ausentarse para hablar con Sir Francis, el embajador.
Entonces tocaron su canción preferida, y Henry supo que era el momento. Se disculpó y fue a buscarla, y allí estaba ella, esperándole. Henry estiró el brazo invitándola a bailar, y ella aceptó. Bailaron el vals con soltura, con cariño y muy compenetrados, y Henry supo que aquél era el momento en que debía pedírselo. O se lo pedía entonces, o sino sería demasiado tarde, porque le acababan de destinar a Londres. Apretó la mano en el bolsillo de la chaqueta y pudo comprobar que la caja con el anillo de compromiso seguía allí.