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El coche se aproximó con descaro y finalmente terminó parando detrás de mi coche, junto a la puerta de mi villa. Entonces decidí bajarme para resolver la cuestión cara a cara, pero según lo hice y reconocí a mi perseguidor sentí que la sangre de todo mi cuerpo bajaba a los talones: Era aquel detective que yo había despedido un tiempo atrás, Riffle.


- ¡Hola! – dijo acercándose a mí con una sonrisa en los labios


- Hola- respondí sorprendido.


Riffle se acercó a paso firme y me tendió la mano. Se la estreche casi sin fuerza, tratando de entender qué hacía aquel tipo allí.


- ¿Me ha seguido? – le pregunté.


- Si – dijo él – Y me disculpo por haberlo hecho. Quería hablarle al salir de su trabajo pero se dio tanta prisa que no me quedó otro remedio que seguirle. ¿Vive aquí? – dijo señalando a la villa.


Asentí.


- Es un lugar precioso – añadió él mirando el coqueto chalet -. Yo siempre he soñado con vivir en el campo, pero el trabajo de detective no da tanto dinero ¿sabe? ¿Son geranios lo que tiene plantado ahí? ¡Son preciosos de veras! Yo debo conformarme con un pequeño tiesto junto a la ventana.

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