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Alberto de la Madrid


Luciérnagas







http://albertodelamadrid.es/

albertodelamadrid@gmail.com









Como el hijo pródigo

El ventilador ronronea
como todos los veranos
dando vueltas para llenar mi cuerpo desnudo
con el beso del aire quieto de mi cabaña.
Aire quieto que esperaba mi presencia
como yo espero
resucitar
entre las equivocaciones y los misterios
como espero que el hijo pródigo, ella,
regrese un día.
Nosotros nos regimos por designios singulares,
nosotros, hechos de anhelos rotos y
de vientos quebrados
contra las esquinas de piedra del destino,
llevados por el recogimiento de la hora de la siesta
por el ruido de alas del ángel,
por la voz lejana de un presagio,
levantaremos un día el vuelo
sobre el campo adormecido
sobre su lecho de paja
y oiremos al fin
la voz benigna de un dios
que querrá besarnos.

Es el rastro de un suspiro
tendido al viento,
secado al viento
como ropa blanca de colada
ondeando como una bandera
en la cuerda tensa entre dos árboles;
es sedante anhelo sin prisas
acaso sin anhelo,
acaso sólo viento
sólo él,
recostado bajo la sombra de un árbol,
sin el ruido de las penas
o el chirriar de las puertas mal ajustadas,
es el merecido descanso a la noche
tras una larga jornada
de caminar al sol la tierra ardiente.


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