Su compañero sigue inmóvil bajo la lluvia que le repiquetea en el casco y se derrama en pequeños chorros por los pliegues del capote. Una cortina se mueve furtiva en el primer piso de la casa, Marco levanta una especie de prismáticos pequeños y observa la ventana donde parece estar el tipo que buscan. Por el aparato aparecen imágenes de colores borrosos, ajusta con un botón lo que ve y un sensor le permite observar a través de la pared la silueta que dibuja el calor corporal del tal señor Martínez.
—Está en la ventana de arriba a la izquierda.
Marco pasa el aparato a su compañero que lo alza y observa.
—Sí lo veo, y la tiene con él, a su lado, a la derecha, la está arrastrando hacia la ventana.
—Joder, la intenta tirar por la ventana. Tú le distraes que yo entro y le hago tragar la bota.