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Tras ese instante de tensión volvimos al asunto principal. Teníamos que reemplazar a dos cadáveres.

- ¿Qué cadáveres quitamos? - Preguntó el capitán cada vez más nervioso al acercarse la hora de entrega.

- Por lo variado de los cuerpos parece claro que es un pedido bajo demanda. - Comencé mi deducción lógica. - Hay que buscar a los que seamos más similares. De inicio podemos descartar a las mujeres: las dos rubia, la mulata y la china. También al perro por supuesto. Sólo nos quedan cuatro hombres: el hispano, el negro, el gordo, y el maduro del bigote ridículo.

- Cualquiera de los hombres valdrá. - El capitán tenía prisa por terminar. - Quitemos dos al azar y póngase ustedes.

- No, hagamoslo bien. Veamos a cual nos parecemos más.

Apache y yo nos pusimos junto a los cadáveres mientras el Jefe, el capitán, el contramaestre y el resto de marineros hacían sus sugerencias como si aquello fuera un concurso de televisión.

- Apache pasaría por hispano - valoró el Jefe.

- Sí. Y el otro podría ser el viejo - dijo uno de los marineros señalándome a mí y a Pierre.

- Sólo soy un par de años mayor que Apache - protesté ante el comentario despectivo. -

Me conservo muy bien para tener sólo treinta y pico, y pico, años.

Dos de los marineros retiraron al hispano y a Pierre de la caja para que pudiéramos meternos nosotros.

- ¿Qué hacemos con ellos? - Preguntaron al sacarlos.

- Tiradlos por la borda. - Sugerí antes de acomodarme; total ya no hacían ninguna falta.

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