Email this sample to a friend

Comencé a quitarme la chaqueta y la dejé colgada sobre un extintor; después empecé a desabrocharme la camisa.

- ¿Qué es esa mancha verde? - Me preguntó el contramaestre al verla cuando volvía de detrás de las cajas con una prenda la mano.

- Averígualo tú mismo - le contesté lanzándosela al aire pero la esquivó ágilmente dejando la pregunta para generaciones venideras.

Acabé de quitarme la ropa y me quedé en calzoncillos con un arma camuflando la otra.

Sucedió entonces la cosa más sorprendente y extraña de toda la historia: habíamos conseguido reunir siete calzoncillos y unas bragas. Todos nos miramos desconfiados intentando averiguar de quién era la lencería femenina. ¿Del gordo seboso del Jefe? ¿Del borracho del capitán? ¿Del contramaestre filipino? ¿O tal vez de alguno de aquellos rudos marineros? Eso era un misterio digno de ser investigado,... en otro momento.

Tras ese instante de tensión volvimos al asunto principal. Teníamos que reemplazar a dos cadáveres.

- ¿Qué cadáveres quitamos? - Preguntó el capitán cada vez más nervioso al acercarse la hora de entrega.

- Por lo variado de los cuerpos parece claro que es un pedido bajo demanda. - Comencé mi deducción lógica. - Hay que buscar a los que seamos más similares. De inicio podemos descartar a las mujeres: las dos rubia, la mulata y la china. También al perro por supuesto. Sólo nos quedan cuatro hombres: el hispano, el negro, el gordo, y el maduro del bigote ridículo.

- Cualquiera de los hombres valdrá. - El capitán tenía prisa por terminar. - Quitemos dos al azar y póngase ustedes.

- No, hagamoslo bien. Veamos a cual nos parecemos más.

Previous Page Next Page Page 35 of 58