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El doctor Svetlana sintió un gran escalofrío.




V.




Nadie hubiera imaginado lo que esa decisión desató en la ciudad de Listvyanka. Ni en el pobre de Iván.

Sin duda, el doctor Svetlana era el científico innovador más famoso del orbe. Sus sueños de fama y fortuna se cumplían, restableciendo el honor y economía de su linaje, asegurados ahora por varias generaciones.

Su nombre se mencionaba de pueblo en pueblo y de ciudad en ciudad debido a la gran cantidad de visitantes diplomáticos y comitivas científicas que siempre aprovechaban la ocasión para conocer las maravillas naturales del lago Baikal y sus alrededores.


Las vidas de Iván y del doctor Viktor Svetlana se convirtieron en un circo del que sacaban jugosas ganancias. Una vez despachadas las 15 doncellas, cientos, si no miles de solicitudes llegaban diario a las puertas del castillo. Eran mujeres. Mujeres que habían escuchado el rumor y leído los titulares en Kiev, Odessa, Roma o Londres. Mujeres ávidas de la experiencia única que brindaba ese científico asombroso.

Curiosamente, la creación de vida nunca fue lo realmente importante. Todas querían tener el mejor orgasmo de su historia.

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