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VI

A prueba de olvido


Tantos meses pasé tratando de odiarte,

y después muchos más intentando olvidarte.

Cuando por fin pensé que lo había conseguido,

resultó que tus ojos son a prueba de olvido.


Encontré otra cintura, otra nuca, otros labios,

y una piel, un sudor, unos puños crispados.

Pero ayer al cruzarme, mi vida, contigo,

comprendí que tus ojos son a prueba de olvido.


Y hoy empeño mi alma por morderte la boca,

por llevarte a mi cama y arrancarte la ropa,

por dormirme apoyando la mejilla en tu ombligo,

y soñar con tus ojos blindados al olvido.

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