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El Tiempo de Contemplación llegó a su fin. York 15-16-87 disfrutaba mucho de esos dos minutos diarios antes del Trabajo, cuando situaba sus lapiceros en la combinación que él decidía, demostrándose a sí mismo (y a los demás) ser capaz de tomar una elección personal genuina. A su vez, el resto de trabajadores habían alineado sus tres lapiceros a las distancias correctas de los bordes de la mesa, tal como se venía haciendo desde hace diez años, en el año 2130. Pero ahora bajo la pantalla ocular flotaron las letras «Tiempo de Trabajo», lo que significaba que su Tiempo de Contemplación terminaba y su jornada de Trabajo comenzaba.

Al unísono, los cincuenta millones de empleados de Empresa abrieron sus ordenadores personales y comenzaron a trabajar. York 15-16-87 sabía que en la sociedad actual el Trabajo era más necesario que nunca. Antes nadie disponía de los lujos que él disfrutaba en el hogar, como su nueva pantalla holográfica de 21 pulgadas en los cajones, el color cambiante de las paredes según el tiempo atmosférico o la música que se adaptaba al estado de ánimo del usuario de la vivienda, algo indispensable para poder levantarse de un humor adecuado que optimizara el rendimiento en el Trabajo. Esos lujos pedían un esfuerzo que cada ciudadano ofrecía con gusto en su Tiempo de Trabajo, ofreciendo a Empresa tan solo 16 horas diarias de dedicación, cortadas por los obligatorios Tiempo de Alimentación y Tiempo de Conversación (de 5 y 15 minutos de duración respectivamente).

York 15-16-87 programaba máquinas. En concreto, mejoraba programas de optimización de diseño de maquinaria industrial. Las Industrias eran gestionadas directamente por el Estado, y las cadenas de producción operadas y dirigidas por máquinas en su totalidad. Por detrás se encontraba Empresa, es decir, la sociedad de trabajadores cuya labor era mantener una producción óptima de la maquinaria que a su vez manufacturaba los productos de consumo tan necesarios para los empleados.

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