Email this sample to a friend

–Es lo normal si firmamos el contrato, ¿no es así? –respondió, sacando el dinero.

Lo puso sobre la mesa y firmó las dos copias del contrato. El dueño hizo lo propio y, acto seguido, le entregó las llaves. Todo muy formal y conveniente.

Antes de volver al hotel compró una camisa, un polo y ropa interior. Permaneció casi dos horas, hasta que se hizo de noche cerrada, sin mover un músculo del cuerpo, frente a la ventana de su habitación. Su rostro no denotaba tristeza ni felicidad. Hubiera sido imposible saber si pensaba en algo en concreto, o si tan sólo se trataba de una forma de descansar. Debajo había una plaza con dos farolas de hierro, bancos vacíos y una sola tienda abierta, tras cuya puerta se recortaba la silueta de una mujer. El pueblo parecía abandonado: no se escuchaba otro ruido que la vibración del aire en el cristal.

Pasadas esas dos horas, como si con todo fuera muy consciente de cuanto ocurría a su alrededor, se levantó y conectó la televisión.

Las noticias de las nueve informaban de la aparición –en Madrid y en un pueblo de las cercanías de Burgos– de los cadáveres de dos mujeres, supuestos miembros de la organización, según fuentes policiales. Se concluía explicando que la causa probable de aquellas muertes eran los ajustes de cuentas que, desde hacía algunos meses, se venían produciendo en el seno de la debilitada organización. Las fotos en blanco y negro de ambas víctimas, casi irreconocibles, aparecieron todo aquel tiempo en recuadro, en la parte superior de la pantalla.

Se levantó y se sirvió un whisky. Lo bebió de un trago y marcó en el móvil el número del Toledano.

–No habrá lugar en la tierra en donde te puedas esconder –le dijo tan pronto escuchó su voz.

–No nos podemos permitir ser generosos con quienes tratan de destruirnos, Uribe. No entiendo por qué tengo que recordarte algo tan elemental. Nuestra causa es demasiado importante, no hay lugar para el sentimentalismo o las motivaciones personales. Muchos compañeros han muerto o continúan encarcelados… –respondió el otro en tono sosegado. No cabía duda de que tenía preparado con antelación aquel pequeño discurso.

Previous Page Next Page Page 31 of 348