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Los pies cantores

© Gorka Urrutia, 2013

Smashwords Edition

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Hace muchos, muchos, muchos años (esto no es parte del cuento), escribí la historia de los pies cantores. Hace poco me la encontré en uno de mis viejos cuadernos (qué tiempos cuando se usaban cuadernos) y he pensado que sería gracioso compartirla.

Aquí tenéis la historia de “Los pies cantores”, espero que te guste.

Los pies cantores

Marlo Steils por fin llegó a casa después de una dura jornada de trabajo. El oficio de barrendero no es para cualquiera. Entró en el salón y comenzó con su rutina diaria: sacar su cerveza de la nevera, encender la televisión (bien hoy juega mi equipo) y sentarse en su destartalado sofá. El último paso, tan deseado como odiado, era descalzarse y quitase los calcetines. ¡qué alivio! Y allí estaban ellos, sus dos pies. Sí, le cantaban los pies. Y la verdad es que debía reconocer que no lo hacían nada mal. Sin embargo era un canturreo incesante y, para él, cansino. Una vez liberados de su prisión de poliéster era imposible callarlos: ópera, jotas, zarzuela, chotis… dominaban todos los géneros.

Cuántas noches de reparador sueño había perdido por culpa de sus pies. Estaba ya cansado, aunque resignado. Su infierno comenzó con llegada de la pubertad. La liberación del torrente de hormonas propio de esa etapa de la vida había producido cambios en su cuerpo. Algunos le hacían sentirse realmente orgulloso y le convertían en la envidia de sus compañeros. Pero el día que los pies le empezaron a cantar todo cambió, le avergonzaba dormir en presencia de otras personas y se volvió cada vez más solitario.

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