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Muy fácil, si me deja continuar con mis argumentos –le respondió Rodri, con una sonrisa conciliadora en los labios–, empecemos por los recortes, uno del Financial Time y el otro de Cinco Días, ambos anuncian, sin analizar el porqué, la venta, por parte del multimillonario marroquí Khalid Sergini, de su participación en el consorcio alimenticio Nutrexport. Pues bien, como cualquier servicio de inteligencia debería saber, Sergini no es otro que el antiguo colaborador económico del rey Hassan y su banquero o sea, era su hombre de paja, y ahora el de su hijo Mohammed. Estamos hablando del 36% de las acciones de Nutrexport.

¿Y bien? –Preguntó Ramírez con impaciencia– ¿A dónde nos quiere usted llevar? Si es que vamos a alguna parte.

Pues mire usted, Nutrexport es un consorcio hispano marroquí que vende sus productos en gran parte de los países del Magreb, y en la mayoría de los europeos de la cuenca mediterránea. Por supuesto, con la salida de su mayor accionista, se queda tambaleándose. Pero no es el hecho en sí, que casos como éste ocurren a millares, sino la coincidencia de lo que ocurre hoy, con lo que ocurrió en el pasado.

¿Insinúa usted que existe un paralelismo entre el pasado y el presente, y que esto nos lleva a Melilla? Está usted de coña –sonrió Ramírez perplejo por lo que oía.

Considérelo como quiera, pero si nos remontásemos en la historia al período entre 1965 y 1972, encontraríamos a un rey Hassan contra las cuerdas a raíz del asesinato de Mehdi ben Barka y de los disturbios posteriores que culminaron con los dos atentados sufridos por el rey. Entonces hizo exactamente lo mismo, abandonó su participación en las empresas Cítricos del Mediterráneo y Aceites del Sur, siempre empresas alimenticias, y trasladó sus cuentas bancarias a Francia. A continuación, cuando su fortuna estaba a buen recaudo en Francia, inició la Marcha Verde.

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