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Víctor se agachó, escondiéndose detrás de las últimas cañas mientras hacía señas a Hubert para que le imitara y así poder contemplarla con mayor detenimiento.

Se trataba de una cabaña levantada en madera. No era tampoco ningún prodigio y en su construcción se alternaban diferentes tipos de troncos mal unidos por una especie de argamasa seca y ensamblados, finalmente, con cuerdas viejas y desgastadas. En invierno, aquella zona debía ser muy húmeda, razón por la que el suelo de la cabaña se levantaba un palmo sobre el terreno. Sin embargo, tanto el suelo como el techo estaban vencidos en su centro y los troncos caían convertidos en un amasijo de madera, los del techo en el interior de la cabaña y los del suelo descansando sobre el propio terreno.

Lentamente, Víctor y el guardiamarina Hubert fueron tomando posiciones, acercándose gradualmente a la cabaña, cuya puerta cerrada parecía ser el único acceso al interior, más allá de los agujeros en techo y suelo provocados por la caída de la madera.

Repentinamente, un sonido agudo y seco procedente del interior de la cabaña les heló la sangre. Casi al mismo tiempo, un enorme cochino saltó a tierra por el agujero del suelo, iniciando veloz carrera precisamente en su dirección.

Hubert lanzó un grito, yendo a caer ignominiosamente a un lado del mismo camino que el animal había escogido como vía de escape al olfatear una presencia desacostumbrada, sin embargo, Víctor reaccionó con serenidad y destreza, clavando los pies en el suelo y flexionando las piernas mientras en apenas unas décimas de segundo apuntaba su arma entre los agresivos ojos del animal.

El estampido de la pólvora hizo que docenas de aves levantaran el vuelo a su alrededor y su eco se mantuvo en el aire por algunos segundos. Aquello pondría en guardia a cualquier ser humano, que aún conservara la vida en aquella isla que parecía reservada exclusivamente a los muertos, lo que estaba a punto de certificar aquel soberbio cochino que se desangraba en el suelo agitando estúpidamente las extremidades inferiores en busca de un terreno que sustentara una carrera que ya había terminado.

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