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Rosi Redondo


El Rincón de los Perdidos




I



El accidente. 02:15 h. AM. 20 de enero 2011.



Nevaba copiosamente, era de noche y apenas se podía ver, no había huellas en la carretera que revelaran la presencia de otro coche, ni señales de que nadie hubiera pasado por allí antes. No sabía por qué estaba allí, circulaba a gran velocidad por una autovía que me resultaba familiar, pero no lograba ver en qué dirección iba, ni terminaba de saber exactamente donde estaba. El alumbrado de la carretera no funcionaba pero la luz que esa noche irradiaba la luna, otorgaba al paisaje un aspecto inquietante. Conducía sin mirar a ningún sitio, quería huir aunque no sabía muy bien de qué. Estaba tan confundida que no paraba de llorar, mis ojos rebosantes de lágrimas me impedían ver con claridad y la velocidad a la que circulaba apenas me daba margen para leer los carteles luminosos que insistentemente anunciaban el uso obligatorio de cadenas en el puerto. Me sentía embriagada, poseída, mi cuerpo actuaba igual que una marioneta en manos de un perturbado, no tenía control alguno sobre mis actos. En el fondo todo aquello me producía una sensación maliciosa que hacía que en realidad me diera igual cómo había llegado allí y por qué.

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