Atinita

Prologo:

El coche se movía al son de los placenteros movimientos sexuales, mientras el viento doblaba las ramas de los empinados árboles y el vaho, que se estaba produciendo dentro del flamante automóvil, iba empañando cada vez más los cristales. La luna reflejaba en el río su gran poderío nocturno, mientras la sangre del joven amante era absorbida y, aunque luchaba por su vida y en su desesperación agónica quiso gritar, su grito fue silenciado por el beso apasionante de la muerte endiablada.

El joven amante, sin sangre en sus venas ni vida en su cuerpo, era empapado con gasolina, bajo la mirada de la muerte saciada, que reflejaba alegría, y ésta le lanzaba una cerilla, para que el joven cuerpo se quemara.

Satisfecha y saciada, la muerte se iba alejando con alegría en su cara.

Guillermo Jiménez Pavón

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