Aquí Dios se identifica como el autor de las profecías registradas por estos hombres. Las visiones provenían directamente de su trono y ¡tenían su autoridad divina!

El origen de las visiones de Juan

El Apocalipsis tiene esta misma autoridad. Dios también fue muy específico al revelarle a Juan cuál era la fuente de sus visiones proféticas. Dios quería que su apóstol entendiera que él, el gobernante supremo del universo, le había revelado personalmente el contenido del Apocalipsis. También quiere que nosotros lo entendamos.

Juan ve que el trono de Dios está rodeado por testigos celestiales. En la ceremonia que ocurre a continuación, los ancianos se postran para adorar al Dios viviente y creador, y cantan estas palabras: “Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas” (Apocalipsis 4:11).

En seguida Juan describe lo que vio: “Y vi en la mano derecha del que estaba sentado en el trono un libro [en forma de rollo] escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos” (Apocalipsis 5:1). Este es el verdadero autor del Apocalipsis, el gobernante supremo del universo. Tenía en la mano las profecías del libro, selladas de manera que nadie las podía leer.

Finalmente, Cristo es autorizado para abrir los sellos y revelar el contenido del rollo. Juan escribió: “Y uno de los ancianos me dijo: No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos” (v. 5). Después, los versículos 6-7 describen cómo Jesús, el Cordero sacrificado por nuestros pecados, toma el rollo de las manos de su Padre. Todos los presentes se arrodillan entonces delante de Cristo, con copas simbólicas “llenas de incienso, que son las oraciones de los santos” (v. 8).

El mensaje es obvio. El rollo, ahora en las manos de Jesús, contiene la respuesta a las continuas oraciones del pueblo de Dios, que clama por justicia y liberación, y por que el Reino de Dios sea establecido muy pronto sobre la tierra (Mateo 6:33).

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