«Me subo al Metro, está lleno a rebosar, los empujones me llevan hasta un tipo de los de toma pan y moja, ummmm, mi espalda roza su pecho, noto en mis nalgas su miembro y pienso: ‘Creo que se está empalmando’. A continuación, siento cómo sube su mano y la pasa por mi cintura, percibo su respiración en mi oreja, mi corazón se acelera... Su mano busca el camino de la cinturilla de mi falda y la introduce despacio por ella, y después por mi tanga. Sus dedos comienzan a rozar mi sexo y yo me estremezco... Respiro más fuerte y pienso: debería cortarle, sí, pero mi deseo puede a mi razón y dejo que me masturbe con suavidad. Temo gemir demasiado fuerte, el traqueteo del vagón acompasa el ritmo de su mano. Entonces oigo el pitido del tren cuando se abren las puertas: ¡pipipipi! Siiií me corro. Extasiada suspiro de forma contenida. De pronto aparta su mano y noto que desaparece. Busco su cara entre la gente del vagón... ¡Pipipipipi! Las puertas se cierran y, de repente, como en un flash le veo. Ha salido del vagón, está en el andén, me mira maliciosamente y pasa sus dedos por su boca besándolos y su nariz aspira su aroma. El tren se cuela en el túnel... Le pierdo de vista...» (41 años).



Pero también se dan casos en los que alguien irrumpe en tu vida cotidiana. Su físico te produce un impacto, sientes una fuerte atracción, y tu mente se monta la peliculita de turno, con mucho, muchísimo argumento. Y aparece la ilusión de que un polvo te conducirá a algo más con esa persona a la que, en el fondo, no conoces de nada. Así es la historia que relata esta chica de veinte años:



«A medida que va pasando el día surgen en mi mente fantasías relacionadas con aquello que estoy viviendo. Por ejemplo, si voy en el autobús y veo a un chico que me pone, mi mente inconscientemente empieza a fantasear con ese chico. Es algo que me ocurre habitualmente y me encanta, ¡porque me lo paso estupendamente! Es algo a lo que estoy acostumbrada, pero lo que ha ocurrido esta mañana nunca me había pasado. Estaba en el trabajo, soy administrativa de una empresa de reparaciones, atendiendo a unos clientes, cuando ha entrado un chico que nada más verle me ha atraído muchísimo. Después se ha acercado para preguntarme por un presupuesto y... ¡me estaba muriendo del morbo que me producía sólo tenerle delante! Le he tomado los datos para el presupuesto y se ha ido. Pero mi mente se ha quedado bloqueada en ese momento. No podía dejar de pensar en él: esos brazos, esa mirada, ese cuerpo ¡y ese culazo!

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